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| Diario de un reportero |
| Monza, Italia |
Viernes 4 de septiembre de 2008.
12:30 hora local.
Ciudad de Misano.
Todos los años cuando me entregan en la redacción el calendario oficinal de la temporada de formula uno detengo la mirada unos segundos en aquellas citas que tienen algo especial, supongo que será personal de cada uno pero siempre mis ojos lo primero que van a buscar es esa cita, esa cita con la velocidad.
La verdad es que algunos lo tachan de simplon pero algo tiene de especial. Yo creo que un campeonato de formula uno no sería posible sin este trazado. Recuerdo cuando un compañero de prensa hace unos años menciono que Monza era a un coche de formula uno como la brisa al mar o la vision de la costa al ruido de las gaviotas. Seguramente el circuito no sea más que tres grandes rectas, dos chicane lentas y dos curvas a derechas, pero que rectas, que chicanes y que curvas, todo o nada en cada una de ellas, la victorio o la derrota, el poder y no querer de los coches. Un coche no se bautiza si no ha sudado en el asfalto a más de 350 km/h.
Porque eso es Monza, ver los coches rodar a esa velocidad a uno le da que hablar, podemos hablar de otras citas del mundial, Barhein, China, Malasia pero ningun circuito de ellos tiene la recta de meta que tiene el trazado italiano. La razon no es el saber acelerar el coche a esa velocidad, es poder sobrevivir a la frenada que le sigue, a la trazada siguiente, a la nueva recta...
En un análisis tecnico la gente habla de las rectas, pero no he visto ningun otro circuito donde las curvas que tiene den tanto quebradero de cabeza, dicen que es por la poca carga de ala que llevan los coches pero yo creo que es por el temor de los pilotos, por el miedo a no sobrevivir en la curva y padecer en la siguiente recta.
Tres rectas, tres chicane y tres curvas a derechas, no tiene más pero se tarda más de ochenta segundos en sortearlas. Recuerdo un piloto ya retirado que justo la semana antes de llegar a Italia regresando de un GP anterior me dijo que él mismo les dijo a sus ingenieros que le quitaran los retrovisores del coche, cuando le preguntaron que si no iba a mirar por ellos para ver a los pilotos que le sucederan, él contesto que cuando tienes un coche pegado a más de 350 km/h no hace falta verle por un pequeño espejo no hace falta adivinar su figura por un cristal porque a esa velocidad le sientes venir.
Eso es Monza y dentro de una semana tenemos la oportunidad de revivir esas sensaciones.